viernes 29 de mayo de 2009

Lámpara de nube




El alma en la piel. Ahí donde a veces te pega de lleno el viento: en los brazos, en las mejillas empapadas de gotas que te salen de los ojos, en toda la cara. El alma en toda la cara. Y en la mugre de las uñas también y en las picaduras de los mosquitos, y en la sal, y en el color mismo de la piel. El alma ahí, en la parte más alejada de vos mismo, como queriendo escaparse, como si de enserio pudiera escaparse. Y no me toques por favor, le decís a la forma de luna menguante con ojos que se te posa enfrente, no me toques. Y te da una lastima tremenda que ella no sepa, que no se de cuenta que si te toca la piel te esta tocando el alma. Pobrecita que no se da cuenta. Pero si, quizás se da cuenta. Y te morís de ganas de contarle todo esto del alma y de la piel, pero ahora ella prende un cigarrillo y se aleja, dos, tres pasos, lo suficiente para que te pese adentro de tu cabeza. Túc un paso, túc otro paso, túc túc en tu cabeza. Pero igual te gusta verla ahí, fumando, mirando por la ventana a los chicos que vuelven de la escuela comercio cuando pasan debajo del semáforo con sus guardapolvos azules. Y sabes que en otra ocasión se hubiera dado vuelta de golpe, como sorprendida y te hubiera preguntado porque es que el semáforo tiene una bolita verde en vez de tener una azul, y vos le hubieras respondido coherentemente que es porque el azul es bastante aburrido y el verde es mas bien alegre. Pero ahora no, ahora claro que no preguntaría, aunque se muerda los labios por preguntar. Ahora que la puerta iba a abrirse y uno de los dos haría un paso hacia fuera de la habitación: un solo paso que bastaba para salirse del mundo, para dividirlo en dos. Pero que linda verla ahí. Ahí si, quietita, estatua. Ahí que el universo existió nomás para este momento, para que vos estés mirando esa imagen ocurrió todo lo que en la historia del tiempo ocurrió. Ahí quietita, obra de arte universal.
Ahora agachar la cabeza, ahora sentirse con la cara mojada. Ahora pesar la tristeza y mirar de vez en cuando hacia la puerta, mirar como esperando a que uno mismo venga a buscarse, pero uno que ya estaba afuera, claro. Saber cuanto pesa la tristeza, medirla con sus manos, probarla con su boca. Te miró en el momento en que pensaste en su boca y bajaron la mirada. Era agachar la cabeza y era sentirse con la cara mojada. Me voy a ser triste a otra parte, habías dicho, pero ella también lo había pensado.
La luz volaba por la pieza como infinitos bichitos amarillos pero transparentes, y el ruido de una bisagra parecía cortar sin piedad aquel triste pedazo de espacio rectangular lleno de alfombras, de cortinas y de tiempo, que parecía a punto de desvanecerse como una lámpara de nube apagándose en la memoria de ambos.
El ruido de una bisagra si, la puerta se había abierto y uno de los dos ya estaba un paso afuera de todo.
narración: Planterose Mauro
ilustración: Ciccarelli Rodrigo

1 comentarios:

  1. me en canta la forma en que escribió tan bella poesía.... es una forma de recitar como vemos la vida por nuestros propios ojos.... porque a nuestro alrededor hay poesía donde la busquemos....

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